Acá, en esta tierra revuelta, en las fosas preparadas para los que siguen; acá, en esta tierra atiborrada, en la sucesión de cruces  que se estiran hasta el horizonte y ofrecen dos lapsos de muerte -de mayo a diciembre de 2020 y de enero a septiembre de 2021-; acá en esta tierra popular, rodeada de panteones donde los fallecidos se agrupan por oficio -actores, policías, boxeadores y prefectos-; acá, en uno de los cementerios más grandes del mundo, en un miércoles caluroso de fines de octubre, bajo un cielo celeste sin una sola nube, la muerte por coronavirus es imposible de negar. «Empezaron con las inhumaciones allá -dice un hombre que trabaja en el cementerio mientras señala un […]