A dos años de su muerte, la potencia de la maestra y poeta Margarita Roncarolo

Hija y nieta de ferroviarios, la autora nació en una estación de ferrocarril y vivió gran parte de su vida al lado de las vías en el barrio porteño de Chacarita, donde también daba sus talleres. Además, fue impulsora del proyecto Pequeña Cía de Kamishibai Caballo Loco (amigo de Toro Sentado) y del colectivo artístico AVIVE!

Poeta, maestra y performer, Margarita Roncarolo (1950-2020) impulsó talleres, clases, escrituras y proyectos colectivos en los que marcó el ritmo de la vida de muchos de sus participantes, quienes hoy la recuerdan como «Marga» y hablan de «experiencias muy poderosas», de «un sentido profundo de libertad y experimentación», vividas en los espacios formativos que proponía la multifacética artista.

Cordobesa, hija y nieta de ferroviarios, nació en una estación de ferrocarril y vivió gran parte de su vida al lado de las vías en el barrio porteño de Chacarita, donde también daba sus talleres. Se definía como maestra, y era también poeta y performer. Además, era impulsora del proyecto Pequeña Cía de Kamishibai Caballo Loco (amigo de Toro Sentado) y del colectivo artístico AVIVE!

«En su casa había tiempo y espacio para estar, decir cualquier cosa, para pensar sobre esas cosas, para encontrar una cofradía», cuenta la poeta y tallerista Malena Saito, autora del libro «Amiga», una de las responsables de un homenaje que esta tarde, a partir de las 19, se le hará a Margarita Roncarolo en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, en el predio de la exESMA del barrio porteño de Núñez.

«Leer en voz alta es ocupar el espacio con la palabra y ocupar el espacio con la palabra es poder»Margarita Roncarolo

Saito conoció a Roncarolo por medio de Alejandro Berón Díaz, otros de los curadores del evento junto a Mariana Nadaja, que asistía a sus míticos talleres. «Ella era muy certera cuando hacía devoluciones», cuenta Malena Saita, quien refresca una anécdota de su primer día de clase en el taller y relata que, pese a haber llegado tarde, la autora de «Rosa o muerte» -su único libro de poesía publicado en vida- la recibió con un «pasá querida, bienvenida», y eso marcó para ella un punto clave de partida.

«Leer en voz alta es ocupar el espacio con la palabra y ocupar el espacio con la palabra es poder», decía la poeta en una entrevista del ciclo Alternativas que se puede ver en YouTube. Esa práctica es fundante en su vida, ya que a los 7 años se convirtió en lectora del Hospital Ferroviario, donde estuvo internada con una extraña anemia y se dispuso a leer en voz alta para los otros chicos que padecían polio y estaban internados junto a ella.

Sobre esta potencia de la lectura en voz alta que caracterizaba a la poeta fallecida en julio de 2020, conjetura: «Esta idea de ponerle siempre el cuerpo a la palabra, de hacerse cargo de aquello que se dice es una forma de valorizar la palabra, de inscribirse en el relato, de no ser inscripto por los otros».

Para Saito, es algo que «Marga trabajaba mucho porque tenía que ver con decir dónde se funda uno, quién es uno a partir de eso. Ella arma este mito fundacional con respecto a la lectura en voz alta y a su niñez donde la pasa internada y enferma y decide ser la lectora en voz alta del Hospital Ferroviario. Así puede narrarse a sí misma, armar su mitos y ponerle cuerpo a aquello que dice» y le interesa resalta esto «en este momento donde el cuerpo queda postergado por las redes sociales y donde la palabra parece no tener peso».

«Visitar su casa cada sábado era una experiencia muy poderosa, porque era un lugar en el que ya desde la puerta de calle sentías que estabas entrando como a otra dimensión, una habitada por un sentimiento profundo de libertad y experimentación»Malena Rey-editora de Caja Negra

La editora y periodista Malena Rey también asistió a los tallares de Margarita en el barrio de Chacarita en el año 1999 luego de haberla tenido como docente de Literatura en el Instituto Nacional de Arte.

«Tenía 16 años en ese entonces. Visitar su casa cada sábado era una experiencia muy poderosa, porque era un lugar en el que ya desde la puerta de calle sentías que estabas entrando como a otra dimensión, una habitada por un sentimiento profundo de libertad y experimentación. Su casa tenía muchísimas plantas y objetos de todo tipo intervenidos por ella y también frases escritas en las paredes. Visualmente era muy impactante y a la vez sentía esa casa como una especie de refugio del pensamiento y de la expresión. Sus clases duraban horas en las que primero se hablaba un poco de la realidad social o política a partir de algún hecho coyuntural, y luego empezábamos a trabajar a partir de alguna lectura propuesta por Marga o alguna consigna. Ella fumaba mucho, nos envolvía con su humo, y nos convidaba un mate con cascaritas de naranja», repasa Rey.

Al momento de recordar una clase en particular, la editora de Caja Negra y autora del newsletter «El hilo conductor», de Cenital, cita una en la que Roncarolo leyó entero «Cadáveres», de Néstor Perlongher, porque «fue muy impactante» y otra en la que, para abordar la percepción sensorial, dejó a los alumnos y alumnas «solos mirando un sahumerio y su humo durante más de media hora».

«Marga te hacía sentir que lo que vos escribías estaba bueno y era importante. Escuchaba con atención y entusiasmo. Siempre le voy a agradecer la forma en la que nos abrió la cabeza y nos ayudó a darnos cuenta de que la palabra nos interpelaba. Era generosísima», asevera en diálogo con Télam.

«Ella arma este mito fundacional con respecto a la lectura en voz alta y a su niñez donde la pasa internada y enferma y decide ser la lectora en voz alta del Hospital Ferroviario»Malena Saito, poeta y tallerista  autora del libro «Amiga»

Con un entusiasmo similar, Saito dice que «con Marga» se fascinó, «sabía mucho, era muy habilitante, había algo en ella de todo el tiempo creer» y rápidamente empezaron a hacer cosas juntas. «Nos empezamos a juntar para armar talleres, eventos. Fue una amistad muy de hacer cosas y en el Conti vamos a estar dando un taller con Mariana Nadaja que dieron ella y Marga muchísimos años que yo nunca di pero Marga nos habilitó a dar talleres. Ella se definió como maestra y como docente», expresa.

El poeta Tomás Rosner dice que llegó a Roncarolo por poetas como Saito o Berón, empezó a escuchar mucho su nombre y que muchos de ellos se habían formado con ella, y la definían como «una gran maestra y referente generosa».

Sobre esa potencia de la lectura que Roncarolo defendía, el autor de «El verano de cada uno» y «Ginseng» dice que tiene que ver «con esa indicación que daba acerca de cómo había que leer, mirando a los ojos a la gente haciendo que nuestra palabra sea deseada, un ‘vení para acá que lo que tengo que decirte es importante’, aunque sea la última boludez del mundo pero ir con ese gesto, con esa fe, creer sin ser creídos».

El poeta la define como «una doble Nelson entre oralidad y escritura, los dos territorios son igual de importantes y se nutren y se trabaja en esa retroalimentación, ese es su gran legado».

La mujer de pelo rosa, que llegó a ese color después de la escritura de un poema «porque lo mío no es el arte por el arte/ el color rosa en el pelo es/ una declaración de guerra/ una guerra suave sin sangre», tenía un solo libro publicado pero una obra que había comenzado mucho antes y se expandía más allá de ese formato

Al momento de pensar en la lectura en voz alta, Rey dice que Roncarolo «transmitía que a la palabra había que ponerla en acción» y en ese sentido apunta que «tenía una concepción muy dinámica de la literatura y del poder de lo dicho. No solo leía genial en voz alta y ocupaba el espacio con sus textos y entonación, sino que generaba puentes por los cuales la palabra salía a la calle, tomaba el espacio público, se dimensionaba», sostiene.

«Gracias a ella (y con ella) organizamos performances, puestas en escena de textos, acciones poéticas en la calle y lecturas colectivas. Entendí gracias a Marga que la dimensión performativa de la palabra es siempre una intervención política», enfatiza.

La mujer de pelo rosa, que llegó a ese color después de la escritura de un poema «porque lo mío no es el arte por el arte/ el color rosa en el pelo es/ una declaración de guerra/ una guerra suave sin sangre», tenía un solo libro publicado pero una obra que había comenzado mucho antes y se expandía más allá de ese formato.

Sobre ese punto, Rosner dice que le gusta pensar su obra «no como limitada a los libros o los poemas que sacó sino como una obra que está viva y en cada taller, cada conferencia o performance se iba construyendo y excedía los límites del libro en papel».

Si bien «Rosa o muerte» es el único libro de poesía de Roncarolo publicado hasta el momento, para 2023  está previsto que el sello Santos Locos publique «Ladrarle al perro»

Este viernes, a partir de las 19, tiene lugar el homenaje a Roncarolo en el marco de la tercera edición del Festival Futuros, un recorrido interdisciplinario, a través de charlas, performances, talleres y cortometrajes, para pensar la reivindicación del deseo, el erotismo, los cuerpos como potencia infinita, la abyección y la rebelión, que comenzó el 9 de septiembre y se extiende hasta el domingo en el Conti.

La primera actividad es un taller de escritura a cargo de Saito, Nadaja y Berón llamado «Masticar ratones» retomando la única que Roncarolo asumía haber inventado íntegramente y los organizadores aseguran que «su eficacia permanece vigente a más de 25 años de su creación».

A las 21 se reproducirán algunos de los más grandes éxitos del pequeño teatro de papel de origen japonés al que la poeta le dedicó 13 años de investigación artística performática a cargo de «Pequeña Cía de Kamishibai Caballo Loco (amigo de Toro Sentado)» y, a las 22, está previsto un espacio abierto para recitar sus poemas, evocando una de sus grandes pasiones y mito fundante de su potencia creadora: leer en voz alta, ocupar el espacio con la voz.

Si bien «Rosa o muerte» es su único libro de poesía publicado hasta el momento, para el año próximo está previsto que el sello Santos Locos publique «Ladrarle al perro».

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