Se despidió a José Martínez Suárez en el Cementerio de la Chacarita

Hoy se le dio el último adiós al realizador José Martínez Suárez en el Cementerio de la Chacarita, en un contexto de mucha intimidad, donde el hermano de Mirtha Legrand fue despedido por sus seres queridos, nietos, bisnietos y sus dos hijas, Alejandra y Fernanda. Ayer fué el velatorio en la ENERC, la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica.

“Goldi” la hermana de Mirtha Legrand, decidió permanecer en su casa por cuestiones de salud ante el inmenso dolor, y Mirtha hizo lo propio. Luego de asistir anoche al velatorio, hoy decidió refugiarse en su círculo íntimo por el momento de profunda tristeza que está atravesando, y su hija Marcela Tinayre está a su lado acompañándola.

El abogado Mauricio D’Alessandro, amigo de Mirtha y la familia, contó que las hermanas no fueron por el frío que podía complicarles la salud, y porque ambas están “desoladas” y “no dejan de llorar” por la pérdida.

Martínez Suárez, director de obras esenciales como El crack y Dar la cara, y maestro de Juan José Campanella y Lucrecia Martel, fue también responsable del Festival de Cine de Mar del Plata entre 2008 y 2018, y un hombre que irradiaba cinefilia. El director que tenía 93 murió este sábado al mediodía en la clínica CEMIC, donde se encontraba internado en terapia intensiva luchando contra una neumonía infecciosa.

Mirtha dijo, “Se fue un grande”, a la salida del velatorio, visiblemente quebrada por la pérdida de “Josecito”, a quien admiraba enormemente. Tanto José como Mirtha y Silvia “Goldi” Legrand fueron declarados en 2018 “Huéspedes de honor” de Villa Cañás, ciudad donde nacieron y se criaron los tres hermanos.

Martínez Suárez, quien siempre fue un cultor de la conversación fina y de las frases extensas, pródigas en detalles y referencias precisas de tiempo y de lugar. “Yo me siento hecho en cine. Todo lo pienso en cine, lo hago en cine, lo cuento en cine”. Pero le alcanzaron estas pocas palabras, pronunciadas al recibir en 2017 el Gran Premio a la Trayectoria del Fondo Nacional de las Artes, para definirse a sí mismo mucho mejor de lo que podría haber hecho cualquier otro recuerdo autobiográfico.

La cita podría completarse con el título del libro de conversaciones que compartió con uno de sus mejores amigos, el historiador y ensayista Mario Gallina. “Estoy hecho de cine” es la manera que más le gustaba a Martínez Suárez de reconocerse ante los demás. En su prodigiosa memoria acumuló sobre todo meticulosas alusiones a las películas que marcaron su crecimiento, influyeron posteriormente en su breve y notable obra como realizador, enriquecieron su silenciosa tarea docente y valorizaron todavía más el extraordinario aporte final de una larga y fecunda vida: su trabajo al frente del Festival de Cine de Mar del Plata, bajo cuyo mandato impuso una ley de hierro: “Aquí las únicas estrellas son las películas”. Nadie que haya pasado alguna vez por ese festival desde que inició su gestión en 2008 volvió defraudado. Todo lo contrario: ese hombre casi nonagenario que se había hecho cargo de la única muestra cinematográfica clase A de la Argentina.

Sus restos fueron velados en un contexto más que apropiado para un realizador de su talla: en la ENERC, la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica, ubicada en Moreno 1199, donde se acercaron familiares y amigos a despedirlo.

La escuela fue acondicionada especialmente para la ocasión, donde en el hall de entrada se ubicaron las flores que llegaron para el fallecido director, al que despidieron también estudiantes de cine.

Entre las figuras que se acercaron a dar sus respetos y condolencias, se pudo ver a Susana Giménez, Carlos Rottemberg, Teté Coustarot, Alejandro Veroutis, Mercedes Sarrabayrouse y Elsa Serrano.

Según pudo saber, su hermana Mirtha descansó durante la tarde, no brindó notas a la prensa, y llegó cerca de la medianoche para el velatorio de su hermano que finalizó a las 2 de la mañana.