Dia de los difuntos en los olvidados cementerios de la Ciudad

En una estampa digna de una película de terror, unos médicos abren la puerta de la casa y encuentran a la madre muerta en el piso y a su bebé al lado, desencajado. Hay que salir del estupor para mirar alrededor y descubrir, detrás, sobre la cama, el cadáver del padre. Los artistas no lo supieron. Pero, en 1899, cuando el escultor Juan Ferrari talló en mármol esa escena del cuadro Un episodio de la fiebre amarilla en Buenos Aires, de  Juan Manuel Blanes, estaba dejando la única pista todavía visible de que en el siglo XIX hubo un cementerio en el Parque Ameghino, pulmón verde del barrio porteño de Parque Patricios.

Tragedia. "Un episodio de la fiebre amarilla", del uruguayo Juan Manuel Blanes. La escena está representada en el monumento a la víctimas de esa epidemia en Parque Patricios.

“Un episodio de la fiebre amarilla”, del uruguayo Juan Manuel Blanes. La escena está representada en el monumento a la víctimas de esa epidemia en Parque Patricios.

Zoom. La escena del cuadro "Un episodio de la fiebre amarilla en Buenos Aires", en el monumento "A las víctimas de la fiebre amarilla" del Parque Ameghino. Huella del viejo cementerio. / Alfredo Martínez

En el centro se observa la escena del cuadro “Un episodio de la fiebre amarilla en Buenos Aires”, en el monumento “A las víctimas de la fiebre amarilla” del Parque Ameghino. Huella del viejo cementerio. / Alfredo Martínez

“Es que la creación de ese monumento, A las víctimas de la fiebre amarilla, ubicado en el centro del Parque Ameghino, fue ordenada por un decreto de 1872, meses después de que el Cementerio de Sud, que funcionaba ahí, colapsara. Lo habían inaugurado en 1867, en medio de un brote de cólera, y cuando llegó la epidemia de fiebre amarilla no dio abasto. Estiman que debieron hacer 18.600 inhumaciones”.  Así lo cuenta Hernán Vizzari, “el explorador de cementerios”. Y dice que sí, que el Cementerio del Sud no es el único “olvidado” en Capital. Fantasma. Que sí, que es uno de los pocos de los que quedan rastros, aparte de documentos. (Y que sí, que está bien recordarlos en el marco del Día de los Muertos).

Un informe oficial cuantifica parte del asunto: señala que en la Ciudad de Buenos Aires existen unos 40 cementerios usados entre los siglos XVII Y XVIII, todos bajo tierra. Los primeros, del 1600, funcionaban dentro de las iglesias católicas. Cuando no hubo más lugar, organizaron anexos en predios vecinos –que se usaron, en principio, para los pobres y “ajusticiados” – y en el siglo XIX aparecieron los públicos. En 1822, el Cementerio de Recoleta, entre ángeles de piedra, personajes legendarios y de leyenda, que hace rato se convirtió en un paseo emblemático.

Cementerio de Recoleta. La bóveda de Rufina Cambaceres, de estilo Art Nouveau. La joven fue enterrada viva en 1902. Sufrió catalepsia./ David Fernández

Cementerio de Recoleta. La bóveda de Rufina Cambaceres, de estilo Art Nouveau. La joven fue enterrada viva en 1902. Sufrió catalepsia./ David Fernández

Bóvedas Art Nouveau. Joyas arquitectónicas poco conocidas del Cementerio de Chacarita./ Germán García Adrasti

Bóvedas Art Nouveau. Joyas arquitectónicas poco conocidas del Cementerio de Chacarita./ Germán García Adrasti

Ofrendas en Flores. En el ritual por el Día de los Muertos incluyen alimentos./ Maxi Failla

Ofrendas en Flores. En el ritual por el Día de los Muertos incluyen alimentos./ Maxi Failla

El Cementerio del Sud no fue el único que mutó en espacio verde. Por ejemplo, donde hicieron la plaza Primero de Mayo, en Balvanera, funcionó en 1800 uno de los cementerios para “disidentes”, es decir, no católicos. Era el “Victoria”, para británicos. Otro fue el “Del Socorro”, ubicado en las calles Juncal y Suipacha, destinado a estadounidenses y a alemanes. Se cree que allí también fueron enterrados vecinos judíos, hasta que en 1900 construyeron su primera necrópolis en Avellaneda. “En 1921, una asociación askenazi –de judíos de Europa– pidió permiso a la Municipalidad para hacer un cementerio en La Paternal. Se lo dieron y arrancaron las obras. Pero dos años después se prohibió abrir cementerios y concretaron el proyecto en La Tablada”, señala Vizzari. De ese espacio, el Cementerio Israelita de La Paternal, también hay alguna huella en el barrio: “Parte de la vieja entrada se mantiene en el complejo polideportivo Las Malvinas, del club Argentino Juniors”.

Paternal. En los años '20 Iban a hacer un Cementerio Israelita pero lo mudaron a La Tablada. Buena parte de la entrada quedó, en Punta Arenas al 1200. / Alfredo Martínez

Paternal. En los años ’20 Iban a hacer un Cementerio Israelita pero lo mudaron a La Tablada. Buena parte de la entrada quedó, en Punta Arenas al 1200. / Alfredo Martínez

Del segundo cementerio “de Belgrano” –el primero estuvo en torno a la Basílica–, que funcionó entre 1875 y 1898 en Monroe y Miller, hoy Villa Urquiza, se vieron bóvedas hasta 1920, cuando empezaron a demolerlas para hacer la plaza Marcos Sastre –bautizada así porque los restos de ese escritor, también vecino, estuvieron allí antes de que los llevaran al de Recoleta–. El arquitecto Juan Antonio Buschiazzo, quien diseñó justamente los cementerios de Recoleta y de Chacarita (1886) –cuyas joyas arquitectónicas inspiradas en iglesias europeas del siglo XII y flores dibujadas con hierro típicas del Art Nouveau, defiende y defiende Vizzari–, trabajó también en el “de Belgrano”. Pero hoy, dicen en el barrio, sólo se puede encontrar en la plaza algún vecino memorioso que deja un ramito para aquellos muertos frente a una imagen de la virgen.

Chacarita. El Día de los Muertos hace unos cien años, en ese cementerio de Buenos Aires. / Gentileza Hernán Vizzari

Chacarita. El Día de los Muertos hace unos cien años, en ese cementerio de Buenos Aires. / Gentileza Hernán Vizzari

Recoleta. Con flores, hace décadas para el Día de los Muertos. / Gentileza Hernán Vizzari

Recoleta. Con flores, hace décadas para el Día de los Muertos. / Gentileza Hernán Vizzari

“Cuando cerraron ‘el de Belgrano’, abría el nuevo de Chacarita, que reemplazó al que inauguraron en 1871 en el predio donde ahora se encuentra el Parque Los Andes”, apunta Vizzari. “Y Flores también tuvo dos cementerios antes del que conocemos, donde la comunidad boliviana celebra el Día de los Muertos, con rituales ancestrales. Una de esas instalaciones estaba en 1807 alrededor de la Basílica y la otra, que se usó entre 1832 y 1872, en lo que se convirtió en oficinas del Ente de Higiene Urbana. Ambos cerraron por lo mismo: el crecimiento del barrio, la falta de espacio”.

Plaza Marcos Sastre. Donde hubo un cementerio, a fines del siglo XIX. Vecinos cuentan que aún hay quien  deja flores a la virgen por aquellos muertos. / Alfredo Martínez

Plaza Marcos Sastre. Donde hubo un cementerio, a fines del siglo XIX. Vecinos cuentan que aún hay quien deja flores a la virgen por aquellos muertos. / Alfredo Martínez

Día de los Muertos. La comunidad boliviana lo conmemora en el Cementerio de Flores. / Maxi Failla

Día de los Muertos. La comunidad boliviana lo conmemora en el Cementerio de Flores. / Maxi Failla

Cinco recuerdos:

1) Cementerio del Sud.  La mayoría de las fuentes coinciden en que fue inaugurado el 24 de diciembre de 1867, en medio de un brote de cólera, y después sirvió para los primeros casos de la epidemia de fiebre amarilla de 1871. No dio abasto. Así que lo clausuraron el 28 de septiembre de ese mismo año.

Testimonio. Del monumento a los caídos por la fiebre amarilla, en el corazón del Parque Ameghino. Allí funcionó el Cementerio del Sud. / Alfredo Martínez

Testimonio. Del monumento a los caídos por la fiebre amarilla, en el corazón del Parque Ameghino. Allí funcionó el Cementerio del Sud. / Alfredo Martínez

El Cementerio del Sud estaba entre Caseros, Ituzaingó y Pozos, en parte del actual Parque Florentino Ameghino, de Parque Patricios. De hecho, en 1872, una ordenanza ordenó levantar el monumento A las víctimas de la fiebre amarilla, que realizó el escultor uruguayo Juan Ferrari, y cuya segunda versión, de 1899, hoy exponen en el centro del Parque.

Además del relieve inspirado en el óleo Un episodio de la Fiebre Amarilla  en Buenos Aires (1871)del pintor uruguayo Juan Manuel Blanes, ese monumento incluyó una representación simbólica de la muerte; una lista de víctimas, médicos y otras personas que ayudaron a combatir la enfermedad, y una frase: “El sacrificio del hombre por la humanidad es un deber y una virtud que los pueblos cultos estiman y agradecen”.

2) “De Belgrano”. Ese cementerio funcionó entre 1875 y 1898 en Monroe, Miller, Valdenegro y las vías del Mitre, hoy Villa Urquiza. Por eso, se lo conoció también como “De Miller”. El arquitecto Juan Antonio Buschiazzo -quien diseñó los cementerios de Recoleta y de Chacarita-, dirigió su construcción.

Pórtico. Del Cementerio de Belgrano. / Gentileza Hernán Vizzari

Pórtico. Del Cementerio de Belgrano. / Gentileza Hernán Vizzari

Tenía las características de un cementerio de pueblo. Una especie de descampado a la vera de la calle Monroe. Y un portal de hierro que daba a un sendero amplio, custodiado por árboles. “Ahí estaban las bóvedas de varias familias ‘notables’ de la zona. Agrelo, Saravia, Lambruschini, entre otros -relata Vizzari-. También, los restos del escritor Marcos Sastre, quien vivió en una quinta en Blanco Encalada y Arribeños”. Por eso, la plaza que se construyó después ahí lleva su nombre.

Pero la población de la zona creció. Y los vecinos pidieron la clausura del cementerio para liberar lugar. En 1898, tras la apertura del de Chacarita, lo cerraron. “La mayoría de los restos inhumados fueron trasladados allí, salvo los de Marcos Sastre, que fueron llevados al Cementerio de Recoleta”, agrega Vizzari. En 1920 todavía se podían ver en el predio restos de bóvedas abandonadas, arbustos, partes de bancos. La idea de hacer una plaza apareció en 1919 pero recién en 1946 inauguraron la Marcos Sastre.

Marcos Sastre. La plaza, hoy. / Alfredo Martínez

Marcos Sastre. La plaza, hoy. / Alfredo Martínez

3) Viejo Cementerio de Chacarita.  A fines de enero de 1871, la fiebre amarilla se expandía por Buenos Aires y dejaba un reguero de muertos. “En marzo de ese año, el Gobierno Nacional decretó que se estableciera un Cementerio General en Chacarita, que incluía el predio donde hoy está el Parque Los Andes”, cuenta Vizzari. “El 14 de abril de 1871 lo habilitaron. Los carros fúnebres debían dirigirse a la estación del Ferrocarril Oeste y así se evitaba que enviaran más cuerpos al Cementerio del Sud”, agrega. Igual, el espacio colapsó –hubo hasta 564 inhumaciones diarias– antes de que inauguraran el nuevo Cementerio, en 1886. En Jorge Newbery 4100.

Parque Los Andes. Está en Jorge Newbery al 4100. /  Germán García Adrasti

Parque Los Andes. Está en Jorge Newbery al 4100. / Germán García Adrasti

El actual Cementerio de Chacarita tiene 95 hectáreas (entre Guzmán, Jorge Newbery, las vías del San Martín, Garmendia, del Campo y Elcano). El ingreso exhibe columnas de tipo dóricos. Fue diseñado entre 1882-6 por Buschiazzo. El frente, en Guzmán 680, muestra una representación del “juicio final” y, en el tope, un ángel con la “trompeta celestial”.

Mausoleo Carlos Gardel. Un ícono del Cementerio de Chacarita, que abrió en 1886./  Diego Waldmann

Mausoleo Carlos Gardel. Un ícono del Cementerio de Chacarita, que abrió en 1886./ Diego Waldmann

4) Israelita de La Paternal. En 1921 la asociación askenazi Jevra Kedushá pidió a la entonces Municipalidad porteña permiso para construir un cementerio. Las obras empezaron en 1923 en lo que hoy es el polideportivo Las Malvinas del club Argentinos Juniors, en Punta Arenas al 1200. Pero en 1925 un edicto prohibió la construcción y los entierros en cementerios particulares en la Ciudad. Así que el proyecto se concretó en La Tablada. De aquella edificación se conserva parte del frente del polideportivo Las Malvinas, de Argentinos Juniors. En Punta Arenas y 14 de Julio.

5) Dos de Flores. “El primer enterratorio de Flores fue habilitado el 1º de septiembre de 1807, a metros de la actual Basílica. Estaba sobre la actual calle Rivera Indarte entre Rivadavia y Ramón L. Falcón. Y su primer entierro se registró el 2 de noviembre de 1807. Al aumentar la población, el padre Martín Boneo, proyectó la construcción de una nueva iglesia y el traslado del enterratorio, donde había restos de vecinos ‘notables’ y también, humildes”, cuenta Vizzari.

En Flores. Rezos y color en el Día de los Muertos. / Télam

En Flores. Rezos y color en el Día de los Muertos. / Télam

“Los vecinos Esteban Villanueva y Norberto de Quirno donaron una parcela en las calles Varela, Remedios, Culpina y Tandil y allí se inauguró el segundo cementerio. Su primera inhumación fue el martes 19 de septiembre de 1832. Fue un militar encontrado muerto en el bañado de la zona.

El cementerio tenía una capilla con una campana que sonaba cada vez que entraba un cortejo fúnebre y cuando lo cerraban. Tuvo bóvedas y enterratorios más humildes. “La expansión urbana hizo que fuera clausurado el domingo 1° de enero de 1872. El predio se destinó a corralón municipal y hoy funciona allí el Ente de Higiene Urbana”.  JS