Veredas que yo pisé – Parte 2

Muy cerquita, en la intersección de Corrientes, Jorge Newbery y Avenida Forest un monolito, el hito Nº10, recuerda aquel acontecimiento que fue coronado con una misa de campaña celebrada por el padre Larrañaga, fue un 10 de Agosto de 1806 y dos días después reconquistaban la plaza de Buenos Aires, invadida y ocupada por fuerzas británicas.

Si, es cierto, nuestras calles y avenidas están cambiando, hoy cuando la recorro me encuentro día a día con algo nuevo, tal vez más modernidad, tal vez el flagelo de la pobreza. Ese desequilibrio de nuestra sociedad también está reflejado en nuestra zona. Esa terrible etapa neoliberal dejó sus huellas, esa injusta distribución de la riqueza hace convivir lujosos edificios con un asentamiento precario, que siguió creciendo sin pausa, asentamiento que crece día a día en terrenos del FFCC Urquiza. Comenzó con desocupados que dormían en vagones abandonados y hoy encontramos edificaciones de varios pisos. Para ubicarnos geográficamente se extiende desde la calle Teodoro García hasta aproximadamente Zabala, a lo largo de la calle Fraga. Son las dos caras con las que convivimos, la parte próspera y la otra, producto de la desocupación y del estado ausente durante años,

Es cierto que deambulamos por nuestras calles viendo edificios, comercios, departiendo con amigos y vecinos, pero también nos encontramos con plazoletas nuevas, con nombres que para muchos no digan nada, pero que en el caso de la plazoleta de avenida Forest y Teodoro García, allí, frente a la entrada del asentamiento ante mencionado, recuerda a Roberto Santoro.

Santoro fue un poeta de nuestro barrio, creció y estudió en la escuela “Cabildo de Buenos Aires”, en la avenida Federico Lacroze al 3800. Redactor y fundador de la revista “Barrilete”, cofundador del grupo “Gente de Buenos Aires”, pero por sobre todo un luchador ante las injusticias que vivía y percibía a su alrededor. Un intelectual que amó a la gente y quiso siempre un mundo mejor. Un 1º de Junio de 1977 fue secuestrado y hoy es desaparecido más. Claramente es un pequeño homenaje a un ser humano que debe quedar en nuestro recuerdo.

Como les decía anteriormente, seguimos caminando y nos encontramos con huellas de un pasado reciente que marcó por siempre a nuestra sociedad.

En este imaginario recorrido me paro frente a mi escuelita de Conde, que cuando yo terminaba el primario fue bautizada “Gran Mariscal del Perú Ramón Castilla” y hasta recuerdo el acto con el embajador del país hermano. Hoy, y desde hace algunos años, los alumnos la llaman la escuela de “los lápices” por el colorido diseño de su frente.

Miramos su frente, cambiado en sus colores pero intacto en su estructura como cuando la dejé a principio de los `60.

Pero en su vereda vemos algo que no estaba por aquellos años, baldosas con nombres, nombres de alumnos que estudiaron en sus aulas, jugaron en sus patios durante los recreos.

Vemos varias baldosas y me quiero detener en sus nombres para evocarlos y queden en nuestros recuerdos, como símbolo de una época que deseo no vuelva a repetirse en nuestra Argentina.

Como les decía son nombres y apellidos, de algunos que conocí en mi infancia pero que hoy también forman parte de nuestra historia barrial.

Todos fueron desaparecidos durante la última dictadura cívico-militar que padeció nuestra sociedad. Aquí me detengo y paso a leer: Jorge Daniel Argente, estudió en 1968 y desapareció un  17/7/76. Marcelo Weisz, estudió en 1964 y desapareció un 10/6/78. Enrique Sánchez estudió en 1968 y desapareció un 10/6/76. Rubén Raúl Medina pasó por sus aulas en 1965 y desapareció el 2/3/77. Rubén M. Rodríguez estudió en 1965 y fue desaparecido un 28/3/77. José Victorio Caruso estudió en 1965 y fue secuestrado un 29/3/76.

Son tan sólo seis baldosas que colocó la “Comisión x la Memoria”, un homenaje, una evocación y un justo recuerdo a aquellos compañeros víctimas de la incomprensión, la intolerancia de una  época de total impunidad y autoritarismo.

Les decía en un principio, que en mis caminatas fui encontrando nuevos hitos, y ahora quiero detenerme en otra baldosa, otra historia pero con un mismo final, aquella figura se dijo llamar “Desaparecido”, como que nunca hubiese existido, como si se hubiese esfumado, como si el simple hecho de pensar distinto fuese motivo suficiente para borrarlo de la sociedad.

La placa conmemorativa a la que les hago referencia es la dedicada a Damián Cabandié y a Alicia Alfonsín. Esa placa está en la vereda del Club Colegiales, en Teodoro García al 2800, a metros de la estación.

Damián era un militante barrial y Alicia una joven de 16 años que jugaba al básquet en el club, para muchos la que marcaba la diferencia en el equipo juvenil de Colegiales. Continuará…

Por Hector Messina