Veredas que yo pisé – Parte 3

El Social y Deportivo Colegiales, fue siempre un club de gran inserción social y sigue siendo un ejemplo de coherencia por el trabajo, honestidad y vocación de servicio de sus dirigentes a través de toda su historia.

En aquellos años se había formado un grupo de teatro, al cual Damián comenzó a frecuentar, allí conoce a Alicia y a partir de ese momento inician una relación de pareja hasta el día de sus secuestros. Primero fue Damián, luego Alicia, a ninguno los volvimos a ver, se los llevaron de su casa a ambos, pero Alicia llevaba en su vientre el fruto del amor, el pequeño Juan, un niño que vivió entre apropiadores y hoy a recuperado su identidad, si, estoy hablando de Juan Cabandié, un joven que lleva en sus genes el legado de sus padres, la militancia social.

Hace algunos años leí un libro llamado “La otra Juvenilia”, allí se narraban las tristes experiencias de secuestros y desapariciones de alumnos en el Nacional de Buenos Aires. En la obra del tristemente célebre Miguel Cané, que además de su obra literaria lo debemos recordar por la nefasta ley 4144 llamada ley de Residencia. Cané, hablaba y recordaba anécdotas juveniles que transcurrieron durante las vacaciones escolares en la Chacarita de los Colegiales.

Fueron recuerdos alegres de una generación privilegiada para aquellos años. En la obra de Santiago Garaño y Wernet Pertot, se hace hincapié en la otra historia, la historia de la militancia y represión entre 1971 y 1983, historia más reciente pero que también dejó marcada a nuestra sociedad.

Me detuve en algunas baldosas, hay muchas más, hay además otros nombres que no figuran en las calles pero quisiera recordarlos, tal vez cuando caminemos no los veamos pero seguirán en mi recuerdo.

Quisiera dejar como corolario, que también existió en nuestros barrios “otra Juvenilia” marcada por el horror, una historia que no debemos olvidar, que aunque nos duela y algunos quizás prefieran mirar hacia otro lado, es parte de una época que nos marcó para siempre.

Ojala que esas placas, que esa baldosas, no sean solo eso, una baldosa más en nuestra historia sino un llamado de atención, un punto de reflexión, una flecha que indique nuestro rumbo, una senda que nos debe llevar a algo que al menos yo aspiro “una sociedad mas equitativa, justa y solidaria”.

Podría haber comentado muchísimas otras historias de vida, muchísimos recuerdo y anécdotas, pero cuando decidí redactar estas líneas no quise solamente enfocarme en la vieja y tantas veces comentada historia de los jesuitas, del Cementerio del Oeste, del tranvía Lacroze, porque tenía en mi caminata otra historia mas reciente, no tan comentada pero que íntimamente tenía la necesidad de compartirla con Uds.

Buenos Aires, Setiembre de 2013

Por: Hector Messina